12.4.20

El Espíritu de las apariciones marianas y el de la Renovación carismática

Apariciones de la Madre de Dios


Renovación carismática católica
No son de iniciativa de una o más personas. Los videntes son sorprendidos  por la aparición y pueden no tener antes de las apariciones una vida especialmente religiosa o virtuosa.
Tiene en su inicio el deseo de dos personas católicas por tener carismas, a partir de la lectura de dos best sellers con testimonios protestantes escritos por un pastor protestante. Siendo personas con mucho dinamismo social rápidamente extienden el movimiento, aunque no todo es cuestión humana.

El instrumento o vidente es por lo general muy humilde, despreciable humanamente.
Los iniciadores son profesores universitarios y los primeros seguidores están vinculados dentro de una gran universidad católica norteamericana.

Las apariciones auténticas no tienen fundación humana como se ha dicho, y por venir de María Santísima, históricamente quedan a salvo de toda injerencia herética, es más sirven para contrarrestar herejías y reforzar y reavivar la fe católica.
El pentecostalismo llamado católico se produce por unos católicos, convertidos gracias a los cursillos de cristiandad, que buscan recibir el llamado bautismo del Espíritu Santo en un reducido grupo de oración protestante, no denominacional, donde hay presbiterianos y episcopalianos, liderado por una formadora de personal en unos grandes almacenes y un publicitario, que se supone han recibido el bautismo del Espíritu Santo. El pequeño grupo se integra dentro de la gran corriente pentecostal protestante del revivalismo.

Las apariciones suscitan el rechazo inicial de la jerarquía y de los poderes públicos. Persecución e interdicción a los videntes, fáciles de reprimir por su irrelevancia social.
Ninguna proscripción ni de la jerarquía ni de los poderes públicos. Al contrario el cardenal Suenens, figura señera durante y después del Vaticano II, los toma bajo su protección y dirección teológica con los Documentos de malinas. En sólo 8 años son recibidos a miles por Pablo VI con un discurso de alta estima, aunque no faltan llamadas precautorias. Los posteriores papas harán lo mismo llegándose al reconocimiento oficial, aunque no se pronuncian por los carismas en sí, ni menos por el origen del movimiento.

Formación de comisiones diocesanas de estudio de las apariciones, si es que se llegan a formar. El clima de apertura del Concilio, concebido como pastoral y que rechaza formulaciones taxativas, no se aplica a las apariciones.
No hay ningún proceso de estudio diocesano. Las objeciones que hubo eran privadas, provenientes sobre todo de grupos "sociales" católicos. Ninguna constancia de un rechazo a las claras por parte de ninguna autoridad eclesial, sólo recelos al principio. El clima del Concilio de aceptación, de no condena, de ecumenismo se puso aquí de manifiesto.

No se altera ninguna praxis de la Iglesia ni en forma ni en fondo, al contrario se ve reforzada.
Cambios por completo en la práctica de sacramentos, generación de un nuevo sacramento o sacramental, no queda claro, el bautismo en el Espíritu y un efecto: el descanso tumbativo en el Espíritu.

Centradas en la advertencia contra el pecado, el anuncio de castigos, la devoción a Cristo y a María, y la Comunión. Apariciones cristocéntricas, con mucho contenido de la Pasión del Señor. María viene en visible sublimidad como conquistadora de los corazones

La Pasión de Cristo y la Virgen Dolorosa son irrelevantes.
Vivencia maternal con la Virgen
La Virgen queda como referente modélico o de reconocimiento de atributos meramente formal.
Se han llegado a destruir rosarios por millones por tener simples adornos, interpretados como satánicos. Campaña persecutoria ya de varios años a nivel mundial desde grupos de Renovación.

La aparición irrumpe sonora o visualmente
No hay sentidos externos implicados, sólo experiencias internas y cambios de conducta.

Las apariciones se suceden por un tiempo limitado
Las manifestaciones del Espíritu en la Renovación son por tiempo indefinido, e igual que en su inicio suceden a voluntad de las personas invocantes.

Los milagros tienen lugar de forma discreta, no ostensivamente, sólo verificables por informes médicos y se reconocen por la iglesia o no se reconocen. No son resultado de una acción humana física y mística “mediadora” que los provoque, sino de elementos como el agua que fluye en el lugar de apariciones.

La iglesia no interviene en el reconocimiento de curaciones carismáticas. Las curaciones si tienen lugar son siempre ostensibles y requieren intervención humana (imposición de manos).
Las apariciones no quedan bajo el control de una estructura organizativa; lo que se forme es posterior a la aparición y a menudo si se forma un grupo celante es dañino para la propia aparición o su memoria, porque se crea una dinámica de ortodoxia excluyente.

La Renovación tiene tantas estructuras como grupos que se formen, cada uno con su líder, si bien es cierto que hay ya numerosos obispos, son de carácter diocesano.
Un importante criterio de discernimiento de apariciones marianas es la vida que llevan los videntes. Si se desvían moralmente eso condena globalmente la aparición, caso de Peñablanca en la década de los 80 en Chile.
La trayectoria moral de los iniciadores no cuenta en absoluto para el juicio a posteriori. Precisamente los dos profesores universitarios que lo inician todo, abandonarían más tarde esposa e hijos, tres y siete hijos respectivamente, y entran en una vida de promiscuidad homosexual, falleciendo de sida uno de ellos y el otro repudiando la Renovación y haciéndose ateo. Es por eso que apenas se los cita, sólo genéricamente como profesores de universidad católica.
Esto no tiene el menor efecto en la valoración de la Iglesia hacia el conjunto del movimiento.


Pudiera esperarse que los videntes mariales o crísticos fueran percibidos positivamente por sus condiciones de carismas, pero al contrario son percibidos en el sistema neocarismático negativamente, como falsos y muy peligrosos en su generalidad. En este punto la prevención es al modo preconciliar.
La excepción es Medjugorje.


En Medgujorje existía ya la corriente neopentecostal entre los franciscanos al cuidado pastoral (partimos de un inicio aparicional auténtico). La evolución de la inmensa mayoría de religiosos fue muy negativa, siendo expulsados de la orden. Uno de ellos, Vlasic, era el director espiritual de los jóvenes videntes.
La presencia pentecostal sigue siendo muy fuerte en Medjugorje y es evidente una mezcolanza de espíritus, que perjudica el crédito de la Virgen.

Las apariciones no rompen el canon de un Espíritu Santo discretísimo (apenas tiene iconografía incluso) que actúa como impulsor, cierto que directamente en Pentecostés con carismas extraordinarios, pero su acción sigue dentro de los sacramentos Bautismo y Confirmación. Y muy especialmente por medio de su Esposa, la Santísima Virgen.
La Virgen siendo hija del Padre, Madre del Hijo y Esposa del Espíritu Santo condensa en sí a la Trinidad, y en Ella actúa sin solución de continuidad el Espíritu Santo con todos sus dones.

En la Renovación hay un focalización en el Espíritu Santo o al menos quedan relegadas las demás personas de la Santísima Trinidad, lo que no se corresponde con la integralidad católica. Rasgos concomitantes se encuentran en las antiguas herejías centradas en el Espíritu Santo, montanismo, mesalianismo y en el novotestamentalismo extremo del marcionismo.
La acción del Espíritu Santo tiene que ser ruidosa y exterior para ser considerada probada, quien no tenga algún tipo de carisma, en especial la glosolalia, no ha recibido en pleno al Espíritu Santo.
El mismo Jesús habría sido bautizado en el Espíritu Santo en el Jordán.


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