1.6.20

Aceptaron a los que venían con doctrinas místicas extrañas.

Decía San Ireneo que es tan absurdo rechazar por principio a los que tienen dones místicos, como aceptar igualmente por principio a cualquiera que diga tenerlos. Durante siglos se ha rechazado a los místicos porque había posibilidad de engaño y se ha tenido por prudente el no hacerles el menor caso por los sacerdotes. En estas páginas hemos relatado numerosos episodios de rechazo contra las mariofanías en tiempos muy diversos, con todo el peso de poder civil y religioso. Y además se ha visto como si fuera algo del gusto divino, apelando a algún testimonio de santos en los que se les decía por Jesús, que debía atenderse primero a la obediencia antes que comunicarse con El, en el sentido de dejar a Dios por Dios mismo.
El precio de extinguir al Espíritu asumiendo la postura extrema cómoda dicha por San Ireneo es que los sacerdotes se han privado de muchas gracias y el pueblo ha sido privado de ellas.

Pero llegaron los llamados carismáticos, con sus prodigios no sólo espirituales sino de capacidad de convocatoria, para que se les hayan abierto todas las puertas; las escasas voces jerárquicas discordantes fueron obligadas al silencio en su momento y los argumentos para contradecir las críticas han sido acalladas con "mejores" argumentos teológicos, como los del prestigioso cardenal Suenens, líder de la llamada escuadra belga en el Concilio. Se puede deducir que la entrada del pentecostalismo o carismatismo en la iglesia católica es el resultado de haber rechazado históricamente tantas gracias que la Virgen quería darnos como Iglesia.

Claro está, eso no contradice el que Dios escribe con renglones torcidos y encaja en su providencia lo que es una iniciativa de una nueva espiritualidad, cuyo problema no es sólo venir del protestantismo, sino que aún dejando a un lado la denominación religiosa, en sus actos revela graves disfunciones espirituales, invocando a un Espíritu sin saber con quien se está conectando, dando protagonismo crispado al demonio, pero también la clave de su éxito: el llamado empoderamiento en el espíritu, las sanaciones, las conversiones en masa, las predicciones de futuro y por todo el mundo, la salida de vidas de pecado de millones de personas. No negamos todo esto, pero ¿es éste el estilo de Jesús y de María? Poder, éxito, masas reunidas, claro está apelando a una continuidad exacta de Pentecostés. Por mucho éxito y poder acaban tenienod que enfrentarse a la cruz, para la que no les han preparado, como tantos que fueron curados en oraciones de sanación, sin saber quién les sanaba en realidad y pasados los años han caído en nuevas y peores enfermedades y depresiones, incluso aquellos mismos que hicieron las curaciones.

Se echó a un cajón de sastre a los videntes del Señor y la Virgen, dejándolos consumirse en el abandono con el argumento del viejo fariseo: si es de Dios ya se encargará El. Pero han aceptado al máximo nivel a tantos que hablaban en su propio nombre con sus métodos y muchísimos seguidores, sus promesas de traer gente a la iglesia con novedades que en realidad no lo son, porque son viejas de siglos entre los protestantes (vgr. bautismo del espíritu). Y han rechazado, humillado, olvidado, perseguido, a verdaderos videntes, cuyo sufrimiento es su mérito, pero los autores de cuya desolación tienen sentencia divina.












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