En menos de un año se sucedieron las inundaciones masivas en todo el Mediterráneo, la famosa Dana, con destrucción entre otras zonas del delta del Ebro y del Mar menor.
Se puso en marcha una campaña mundial contra el cambio climático, que culminó con la cumbre de Madrid en diciembre de 2019; todas las voces apuntaban a que no se podía esperar más, y había que tomar medidas drásticas, y enseguida se desencadenó la pandemia que ya estaba incubada y sigue hasta hoy. El número de muertes por espacio de tiempo ha sido peor que las registradas durante la guerra civil. Y España es el país con más muertos por mil habitantes, junto con Italia, pero a día de hoy pueden ser alcanzados por otros países cuasi excatólicos como ellos, como México.
Todo eso coincide con el gobierno más militantemente ateo (aunque hoy día es un ateismo no declarativo, basado en legislar contra el derecho y mandato divinos) y con un programa declarado para llevar a cabo las metas de su ideología, que incluía por cierto la eutanasia, los cambios en la antropología humana, la ingeniería social, la depauperación como arma de control social, pero también como arma de la reducción poblacional.
Trazamos una conexión entre las catástrofes y la evolución española de los últimos tiempos, sin ningún interés en ayudar a derribar gobiernos, porque es la propia población española la que se hace el daño a sí misma, y la pandemia le ha cortado el paso, siendo muy revelador el cierre de los espacios de hedonismo en los que tan pródigos éramos, el confinamiento, cuando éramos los más avanzados en libertad, no la política, sino la vivencial con desprecio de todo mandato divino.
Confiados en el placer y en el sostén económico, se nos han quitado los dos, al menos a una enorme cantidad de españoles y el proceso sigue. Inocentes pagando por culpables de haber colocado a un gobierno de franco desprecio divino, de llamativa nota impertérrita ante las catástrofes y los miles de muertos, como si estuvieran de acuerdo en que todo lo que ha pasado es un necesario factor corrector. Y para ellos lo importante es el clima de la tierra, Gea/Pachamama, en bien de la cual hay que valorar "bienhechores" sacrificios eugenésicos.
Aunque para el mundo la razón de todo no es más que la casualidad, lo que ha dicho la Virgen durante décadas, es que nos vienen inundaciones, epidemias, hambre, por rechazar a su Hijo y por la connivencia anticipatoria más grave de sacerdotes y religiosos en ese rechazo, disfrazado de "renovación" de la imagen divina, que han predicado rebelión al negar el atributo de Justo Juez a Dios y dejarlo sólo en misericordia, dejando la verdad de Dios en una media verdad, como si Justicia no equivaliera a Misericordia; pero al contrario gracias al Castigo queda una última esperanza de que los humanos vuelvan a la cordura, es decir, vuelvan a El.
Del testimonio de una mística ya fallecida:
Veo a la Madre que llora y me dice:
Escribe, hija mía, escribe, los
dolores y lágrimas que derramo por mis hijos. No puedo más, hija mía, diles que
se conviertan, que esto no puede ser, tienen que pedir perdón a Dios, si no
será terrible, epidemias, peste, miseria, hambre, desolación, tristeza,
angustia, terror, pánico, desastre, qué terrible dolor el mío, hija mía, quiero
salvar a mis hijos, quiero salvar sus almas y ni siquiera me escuchan. Hija
mía, sufro mucho, por los pecados del mundo, se van hundiendo cada vez más en
el fango sin darse cuenta de lo difícil que es salir de ello. Pide, hija mía,
pide por su conversión, dile a DIOS que tenga paciencia y Misericordia con
todos; hija mía, qué pena tengo, qué pena tengo, sólo soy feliz cuando mis
hijos se acuerdan de Mí. Tengo tan pocas ovejas para llevarle a mi Hijo. Cuánto
dolor hay en mi Corazón, cuánto dolor hija mía.
Mi Hijo Santísimo no puede más,
el brazo del Señor cae sin remisión y los Angeles saldrán con los castigos. No
hay salvación, hija, no hay salvación. Cuánto dolor, hija mía, cuánto dolor.
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