Comentario de Azarías: Alma mía, impetra del santo arcángel su patrocinio perpetuo. Amale, ámale mucho porque es el ángel de los anuncios felices y de los sublimes consuelos.
“Me tocó en el templo del sacrificio vespertino”. He aquí cuándo se le tocó a Daniel: A la hora del sacrificio, en el templo y por la tarde. Tu tarde se acerca; mas antes de que llegue precediendo al amanecer -porque la tarde no es fin sino preanuncio del próximo día-, el arcángel te instruirá. Y ¿por qué tal honor? Porque estás en el templo que la Caridad recíproca entre Dios y tú ha creado y en la hora de tu sacrificio final, el más dulce, aquel que consigue el alejamiento de Satanás en las horas nocturnas.
Tras la tentación tenebrosa, nuestro Señor Jesús fue consolado por Gabriel, y Satanás ya no le turbó más. Para torturar al Moribundo divino quedaron los hombres. Mas ¿qué son los hombres comparados con Satanás? Como demonios es nulo su poder torturador respecto del de Satanás. Eso lo sabes tú; pero, ¡ánimo!, porque el sacrificio de la tarde está hecho precisamente para alejar a Satanás imponiéndole el “¡Basta!” divino y llevar la Fortaleza de Dios a los hijos sacrificados en holocausto.
Comentario
al Padrenuestro:
Jesucristo, Señor Santísimo, enseñó a los hombres a pedir el pan de cada día. Mas, si acertáseis a meditarla, veríais que esta petición de una necesidad totalmente humana, la pone a seguido de estas tres sublimes peticiones: que al Nombre Santísimo de Dios se le tributen los honores debidos al mismo; que venga su Reino; y que se haga su Voluntad así en la Tierra como en el Cielo. La oración, perfecta al ser enseñada por el Verbo, tras haber planeado en las alturas, desciende cual golondrina de luz amorosa, en raudo vuelo, a suplicar: “danos hoy nuestro pan de cada día”; mas he aquí que, de pronto, torna a subir de la necesidad animal del alimento a la necesidad espiritual del alma y vuela, aligerada de nuevo por el deseo de perdón de la criatura, “como nosotros perdonamos sus débitos a nuestros deudores”, pidiendo ser perdonada y, después de haber desarrollado un ciclo de oración perfecta, termina posándose nuevamente a los pies de Aquél a quien, adorándole, llamó al principio “Padre”, pidiéndole lo que un Padre amoroso puede hacer, defender a sus hijos de la tentación.
Esta oración enseña al hombre, sin laguna ni defecto alguno, cómo, por qué y para qué se debe orar. Mas, generalmente, el hombre no hace sino pedir por la acuciante necesidad material. ¡Y si tan sólo fuese por la necesidad de pan...! Mas ¡cuántas, cuántas necias, cuando no ofensivas peticiones desgranan las afanosas plegarias de los hombres!
Uno que tan sólo ruegue por cosas espirituales y por la gloria de Dios y el bien de sus hermanos, viene a ser como una estrella encendida en el gris uniforme de la Humanidad. Así es como ve el Cielo a estos orantes solitarios y su súplica resuena con voz de oro entre la cantinela de las desentonadas, roncas y pobres súplicas del 90 por 100 de las criaturas.”
San Pablo a los Gálatas sobre los dos linajes:
"Vosotros que quereis someteros a la Ley, decidme: ¿No entendeis lo que dice la Ley? Porque está escrito que Abraham tuvo dos hijos: uno de su esclava y otro de su mujer, que era libre. El hijo de la esclava nació según la carne; en cambio, el hijo de la mujer libre,nació en virtud de la promesa. Hay en todo esto un simbolismo:estas dos mujeres representan las dos Alianzas. La primera Alianza, la del monte Sinaí, que engendró un pueblo para la esclavitud, está representada por Agar, porque el monte Sinaí está en Arabia, y corresponde a la Jerusalén actual, ya que ella con sus hijos viven en la esclavitud. Pero hay otra Jerusalén, la celestial, que es libre, y ella es nuestra madre. Porque dice la Escritura: ¡Alégrate, tú que eres estéril y no das a luz; prorrumpe en gritos de alegría, tú que no conoces los dolores del parto! Porque serán más numerosos los hijos de la mujer abandonada que los hijos de la que tiene marido. Nosotros, hermanos, somos como Isaac, hijos de la promesa. Y así como entonces el hijo nacido según la carne perseguía al hijo nacido por obra del Espíritu, así también sucede ahora. Pero dice la Escritura: Echa a la esclava y a su hijo, porque el hijo de la esclava no va a compartir la herencia con el hijo de la mujer libre. Por lo tanto, hermanos, no somos hijos de una esclava, sino de la mujer libre".
Comentario de Azarías:
También el eterno Abraham tiene dos dases de hijos: Los de la esclava y los de la libre.
¿Quién es el eterno Abraham? Muchos podrían responder esto o aquello. Mas yo te digo que aquí se ha de dar el nombre de Abraham eterno al Eterno, Padre de una multitud inmensa y duradera de generación en generación hasta el final de los siglos.
El eterno Abraham se unió con la Humanidad para engendrar hijos que lleven la imagen y semejanza del Padre y la semejanza natural de la madre, semejanza ésta perfecta como el Padre y Creador de la Humanidad la dio a los primeros progenitores de la Humanidad.
Ahora bien, ¡qué perfección de semejanza divina, siempre en aumento, habríase producido en los hijos nacidos del Padre Creador y de la Humanidad por El creada! ¡Maravillosa semejanza! Mas para poseerla, la Humanidad debía conservar intacta su semejanza con el Padre. Por el contrario, la forma perfecta fue desfigurada por Lucifer y, tanto por fuera como por dentro, no aumentó la semejanza ni se perfeccionó, antes tuvo lagunas, retrocesos y matices de cariz diverso en los hijos de Dios y de la Humanidad de tal manera que de aquel seno que engendró al angelical Abel, en el que era manifiesta la semejanza divina, ya había salido el satánico Caín en el que aparecía patente la prostitución de la Humanidad con el Seductor. Y siempre, siempre así a través de los siglos, incluso aún después del injerto de Cristo en la planta bastardeada de la Humanidad.
Así pues, el Abraham eterno tuvo dos hijos: uno de la esclava y otro de la libre que fueron dos ramas de la Humanidad. El hijo de la esclava -entiende bien- nació según la carne, mientras que el de la libre nació en virtud de la promesa, esto es, según el espíritu.
¿Piensas acaso que esta alegoría se circunscriba únicamente a aquel tiempo? No, sino que es una realidad que todavía se perpetúa en los hijos del Creador, del Abraham eterno -ya que los hijos del Creador son todos los hombres al ser El el Dador de la vida- existiendo dos grandes ramas: la de los nacidos del espíritu y la de los nacidos de la carne.
Multiplicación de los panes y los peces. (Aquí es Jesús mismo quien explica en lugar del ángel): Los fragmentos y episodios evangélicos son una mina de enseñanzas. Te mostré la segunda multiplicación de panes y te dije que lo mismo que con unos pocos peces y panes puede saciar el hambre de las turbas, otro tanto se pueden saciar vuestros espíritus hasta el infinito con unos pocos fragmentos narrados por los cuatro Evangelios. En efecto, hace ya veinte siglos que con ellos sacian su hambre un número incalculable de hombres. Y Yo ahora, por medio de mi pequeño Juan, he acrecentado los episodios y las palabras porque, verdaderamente, el hambre está a punto de consumir los espíritus y Yo tengo compasión de ellos. Mas si bien aquellos pocos episodios de los cuatro Evangelios vienen suministrando panes y peces a los hombres para que se sacien con ellos y sigan todavía evangelizando, todo eso lo hace el Espíritu Santo que es el Maestro docente sobre la cátedra de la enseñanza evangélica.
Carta de San pablo a los corintios:
Pablo, hablando en nombre de los Apóstoles, de los que es el último y como perteneciente al cuerpo apostólico, dice: “Vosotros sois nuestra carta... conocida y leída por todos los hombres, pues es manifiesto que sois vosotros una carta de Cristo redactada por nosotros y escrita, no con tinta sino con el espíritu del Dios vivo, no sobre láminas de piedra sino sobre láminas de corazones de carne”.
Y estas palabras de Pablo son, en realidad, palabras del Espíritu de Dios que se dirige a vosotros, instrumentos suyos, hablando por los labios del Apóstol: “Vosotros sois una página viva de Cristo redactada por Nosotros: Padre, Hijo y Espíritu Santo con nuestro Espíritu sobre vuestro propio corazón”. Esto es lo que sois: verdaderos instrumentos de Dios.
Las palmeras de Elim.
La gente, de ordinario, a las 70 palmeras del oasis de Elím las pone como figura de las palmas de hoy.
Los israelitas, pasados los tiempos santos de los patriarcas, que podrían parangonarse con tierras fértiles, ricas de todo bien, llegaron a corromperse transformándose en “desierto estéril” en el que sólo escasos oasis y aún más escasas fuentes daban a entender que no todo había muerto y, a modo de llamada de piedad celeste, atraían a los extraviados, si bien de buena voluntad, en tomo a los solitarios espíritus de los Justos de Israel. Los Patriarcas, los Jueces y Profetas, los grandes Reyes de Israel, los Macabeos, Judit, Esther, Joel, Tobías, Nehemías, los santos, he aquí las palmeras y las fuentes que brotaron solitarias en medio de la aridez desolada de la conciencia de Israel que, ingrato, se alejaba de su Benefactor olvidando sus beneficios.
Así es como encontró su Tierra Aquél que dio a su Pueblo aquella Tierra ya prometida, cuya espléndida belleza superaba todas las esperanzas de los Patriarcas. Y así la encontró Cristo cuando bajó a cumplir la segunda parte de las grandes promesas hechas a Abraham, esto es: después de haberle dado a él y a sus descendientes la tierra vista en visión y una posteridad más numerosa que las estrellas, la de darle el Mesías nacido del seno de una hija de Abraham para redimir al mundo.
Y Cristo, al pueblo que languidecía en la aridez del desierto, dióle el oasis con doce fuentes y setenta palmeras para que en él encontrase refrigerio, alimento y pudiese acampar en el oasis suministrado por el Salvador.
Don verdadero de Jesús Santísimo fueron los doce apóstoles dejados para perpetuar su magisterio y proporcionar a las almas el agua viva de las palabras divinas y el Alimento contenido en los Sacramentos. Y don verdadero de Jesús Santísimo fueron también los setenta y dos discípulos, coadjutores de los apóstoles, que constituyeron con ellos el núcleo inicial de la Iglesia Apostólica, el Oasis en torno al cual fueron haciéndose cada vez más numerosas las muchedumbres de fieles, el oasis que se ha dilatado fertilizando el suelo y venciendo al desierto hasta conseguir elevar sus gloriosas palmeras por todos los puntos de la Tierra. El oasis que reconforta, el oasis que salva.
Advierte esta verdad de este punto del Exodo y nunca imites al pueblo que, entre las fuentes y palmeras de Elím, murmuró contra esta dádiva de nuestro Señor Jesús.«¿Cuál es la morada santa de Dios? A esta pregunta responderán algunos: “El Cielo”; otros: “La Iglesia”, y otros: “El corazón del hombre”. Y, aun no alcanzando la perfección en la respuesta, ninguno habrá errado, ya que Dios habita en el Cielo, en su Iglesia y en el corazón de los hombres que están en su Gracia. Mas, para ser exactos, Dios está en Sí mismo. El tiene la morada en su Caridad infinita, única morada que, por su perfección e infinitud, puede contener al Perfecto y al Infinito. En la Caridad todo se opera, procede, se genera, se satisface, reposa y aplaca. La Caridad, esto es, El mismo, es la morada santa de Dios.
Tan solo quienes moran en la Caridad habitan en Dios. Concepto contenido en esta frase de Jesús Señor Nuestro: “Permaneced en Mí y Yo en vosotros... Si alguien permanece en Mí y Yo en él, éste tal lleva mucho fruto”, y en aquélla de la plegaria divina: “que sean todos una sola cosa como Tú estás en Mí, ¡oh Padre!, y Yo en Ti”. Palabras que, recogidas por el Apóstol del Amor, resuenan en su Epístola escrita muchos años después de la Sagrada Cena cuando, en los umbrales del más allá, Juan, sin necesidad de éxtasis, contemplaba ya “la morada de Dios” que descendía para acoger a aquél que había entendido la Caridad: “El que ama nació de Dios... Dios es Amor... Si nos amamos los unos a los otros, Dios habita en nosotros y su caridad adquiere en nosotros la perfección. Por esto conocemos que estamos en El y El en nosotros: por el hecho de que El nos dio su Espíritu”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario