22.11.20

El león de Judá. Jesucristo.

 Al salir de misa, Antonio se quedó hablando con otro feligrés sobre la común falta de fe en la sociedad, de las gentes que no creen si algo no es manifiesto, sin tener en cuenta que, por ejemplo, un león aun siendo de gran tamaño, precisamente no se ve porque está oculto en la espesura. En cambio sí creen en la obra del demonio precisamente por su visibilidad.

Tras la conversación, Antonio quedó caviloso por hacer ese paralelo entre Dios y un león, que es una fiera cazadora, y si no habría faltado al respeto debido, teniendo en cuenta que además San Pedro nos llama a la cautela porque el demonio como león rugiente, anda buscando a quien devorar. Pero al día siguiente se leía este texto del apocalipsis:

"Ha vencido el león de la tribu de Judá, el vástago de David"

Oleo de Marcelo Pravato

Apocalipsis 5: "Vi en la mano derecha del que está sentado en el trono un libro escrito por las dos caras, sellado con siete sellos. Vi un ángel poderoso que exclamaba con voz potente: ¿Quién es digno de abrir el libro y de romper los sellos? Y nadie, ni en el cielo, ni en la tierra, ni debajo de la tierra podía abrir el libro y leerlo. Yo lloré mucho, porque no se había encontrado a nadie digno de abrir el libro y de leerlo. Uno de los ancianos me dijo: Deja de llorar, que ha vencido el león de la tribu de Judá, el vástago de David; él abrirá el libro y sus siete sellos. Entonces, junto al trono, vi un cordero rodeado de los cuatro vivientes y de los ancianos. Estaba de pie y como degollado. Tenía siete cuernos y siete ojos (éstos son los siete espíritus de Dios enviados por todo el mundo). Se acercó y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono. Entonces los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se pusieron de rodillas delante del cordero, teniendo cada uno en la mano un arpa y copas de oro llenas de perfumes (las oraciones de los santos). Ellos cantaban un cántico nuevo: Tú eres digno de tomar el libro y de abrir sus sellos, porque has sido degollado y has rescatado para Dios con tu sangre a los hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación. De ellos has hecho para nuestro Dios un reino de sacerdotes, que reinarán sobre la tierra." 

Jesús es el cordero degollado, pero es también el león de Judá. Y fue Judá, el que recibió las bendiciones de Jacob (Génesis), por encima de sus hermanos, llamándole cachorro de león, profetizando a Jesús:

Judá, te alabarán tus hermanos;

Tu mano en la cerviz de tus enemigos;

Los hijos de tu padre se inclinarán a ti.

Cachorro de león, Judá;

De la presa subiste, hijo mío.

Se encorvó, se echó como león,

Así como león viejo: ¿quién lo despertará?

No será quitado el cetro de Judá,

Ni el legislador de entre sus pies,

Hasta que venga Siloh;

Y a él se congregarán los pueblos.

Atando a la vid su pollino,

Y a la cepa el hijo de su asna,

Lavó en el vino su vestido,

Y en la sangre de uvas su manto.

 

En su obra sobre el arte religioso del siglo XIII en Francia, Emile Male, al explicar la presencia del león en un vitral de Bourges, que lo muestra cerca de la tumba de Jesús resucitado, refiere la tradición en virtud de la cual el león se convirtió en emblema de Jesucristo en el arte cristiano, en cuanto Hombre-Dios resucitado. "Todo el mundo", decía Male "admitía en la Edad Media que la leona paría cachorros que parecían nacidos muertos. Durante tres días los cachorros no daban señales de vida, pero al tercer día volvía el león y les daba vida con su aliento".

Los autores de los bestiarios medievales tomaron sin duda esta ficción de Aristóteles y Plinio el Viejo. En aquel mundo completamente idealista el auge de la ficción de los cachorros nacidos muertos y vivificados al tercer día por su padre fue enorme; contó con el favor de San Epifanio, de San Anselmo, de San Yves de Chartres, de San Brunon de Asti, de San Isidoro, de Adamantius y de todos los fisiólogos.

Además de este significado relacionado con la resurrección, el león se convirtió en emblema de Cristo con otros significados:

 - El león como emblema de las dos naturalezas de Cristo. Los antiguos estaban de acuerdo en afirmar que todas las cualidades activas del león están localizadas en la parte delantera de su cuerpo, mientras que la trasera tan solo tenía función de sostén, de punto de apoyo. Por eso, en sentido figurado, y apoyándose en San Ireneo, Pedro Valeriano escribirá Anterioribus partibus coelestia refert, posterioribus terram. Partiendo de este dato, hicieron de la parte delantera del león el emblema de la naturaleza divina de Cristo, y de la parte posterior del animal, la imagen de su humanidad.

- El león como emblema de la ciencia de Jesucristo. Eliano y muchos otros autores romanos le atribuían al león el darse cuenta de que se acercan los cazadores; por eso, decían ingenuamente, borra las huellas de sus pasos azotando la arena con su rabo. También se le atribuía el reconocer por el olor de la leona cuando ésta había faltado a la fidelidad. Así, en las fábulas muy antiguas, el león es aquel a quien no se puede engañar.

- El león como emblema de la vigilancia de Cristo. La vieja creencia de que el león dormía con los ojos abiertos no resultó indiferente a los primeros simbologistas cristianos. En el sueño del león con los ojos perpetuamente abiertos se vio la imagen de Cristo atento que todo lo ve. San Carlos Borromeo, recogiendo esta antigua simbología, dio el consejo de adornar las iglesias con la figura del león vigilante para recordar a los que tienen cura de las almas la vigilancia necesaria.

- El león como emblema del verbo divino. Algunos escritores místicos vieron en el rugido del león la imagen de la poderosa palabra de Cristo. Por ello, en muchas iglesias los púlpitos suelen ser sostenidos por leones.

 

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