23.1.22

Falsas profecías construidas para contrainformación

 Con la amenaza de cien mil soldados rusos a las puertas de Ucrania, muchos se han vuelto a las profecías de Alois Irlmayer, un clarividente alemán fallecido en 1959, que anunció entre 1947 y 1957 la tercera guerra mundial, y hablando de una coalición ruso, china, musulmana.

Anunció también que serían desbaratados por la acción química de EE.UU. y que no quedaría vivo un solo invasor ruso.

 Aunque no hay pruebas, sin embargo, todo apunta a que se trataría de falsas profecías puestas en su boca por servicios de contrainformación de los tiempos de la guerra fría, ya que en el mismo 1947 se temía gravemente por la invasión armada rusa, siendo un modo de ayudar a evitar la invasión; incluso falsas profecías pueden tener buen resultado. Pero hay que estar informados de que ese procedimiento de manipular cuestiones espirituales, ha sido muy habitual por servicios de contrainformación a lo largo del siglo XX, incluyéndose aquí a Baba Vanga, utilizada por el régimen búlgaro y los soviéticos. También es muy probable que la vidente Marie Julie Jahenny fuera utilizada por los promonárquicos franceses en el siglo XIX y antes de ella la fabricación del mito del ermitaño pirenaico Bug de Milhas. 

El procedimiento es utilizar a personas clarividentes que se han hecho muy populares, con videncias reales, como fue el caso probadísimo del propio Irlmayer, pero que son al fin y al cabo personas sencillas y muy vulnerables. Poniendo en su boca o por escrito cosas de Estado o contraestado. 

La gran duda que suscitan las profecías de Irlmayer es el detalle "técnico" de las profecías, que incluía hasta grupos de ejército y rutas de los rusos, así como similitudes de hechos con otros momentos históricos, por ejemplo los balcanes. 

En general, habría que descartar profecías  que hablen a nivel de detalle geoestratégico muy actual de la época del clarividente, como propias de servicios de contrainformación, que luego son replicadas por gente ingenua o que quiere aprovechar la coyuntura. Y de esto se está llenando internet hoy en día.

Jesús mismo profetizó la destrucción de Jerusalén, pero incluyó sólo los detalles necesarios para la salvación de los creyentes, no habló nada del modo de despliegue romano, lo que por otro lado hubiera sido muy contraproducente, sólo se refirió a cuando veáis a Jerusalén rodeada.

Incluso dentro de la iglesia cabe señalar fabricaciones documentales como provenientes del medioevo como las profecías de los papas de San Malaquías durante el renacimiento o la de San Francisco a finales del siglo XIX, para dar crédito a necesidades coyunturales de los falsificadores en sus pretensiones de lucha eclesial. Ahora bien, hay que guardarse de atribuir cualquier profecía a una intención falsificadora de tipo político, que es el modo fácil de quitarse de encima profecías molestas y perjudiciales para algunos intereses (caso de Ezquioga en España, al que se le dió argumento de servicio político muy bien servido por el autor americano William Christian).

Entre tirios y troyanos producen un conjunto de confusiones que al final lo que pretenden es devastar la credibilidad de las buenas profecías actuales o futuras y señalar un camino fácil a los negadores.

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