Enrique (nombre figurado) vio asombrado en el escaparate de la librería diocesana un libro llamado "Sólo creo en un Dios que sepa danzar". A los pocos días lo comentó con un sacerdote y religioso africano destinado en España, al que tenía por muy cabal a la luz de su modo de oficiar la misa, pensando que se escandalizaría, mas para nuevo asombro, le respondió que danzar en la misa era lo normal en su país.
Enrique quedó pensando que a lo mejor podría ser normal lo de la danza entre los africanos, dada su cultura. Pasaron meses de aquello y tuvo este sueño real que consideró una gran enseñanza: Se encontraba en misa pero como empequeñecido, a pesar de ser de buena estatura, tras los que estaban en el banco de adelante y sólo podía ver parcialmente la misa pero viendo que se danzaba; al poco se inclinó un hombre africano para hablarle y decirle que aquello no le gustaba y que por eso se marchaba de la misa. También se fueron otros muchos. Enrique se quedó hasta el final, viendo que sólo quedaban, como recogiendo, la gente que estaba de acuerdo con aquel tipo de misa. Enrique entendió en el mismo sueño además que el hecho de danzar les servía para que los no de acuerdo con sus ideas se marchasen y así quedarse ellos con el control de la iglesia, no era una simple ocurrencia, sino muy intencionado.
Vuelto al plano consciente, Enrique entendió que lo de la danza no lo querían los africanos de buena conciencia, por mucho que en su cultura sea tan presente el baile. Y evidentemente no volvió al sacerdote africano del principio a contarle nada del sueño, entendiendo inútil hacerlo, visto lo del sueño.
Consultando más a fondo la cuestión en una cualificada web, vio que lo de la danza es sólo una excepción y de manera muy liturgizada ya desde antiguo en alguna lejana cultura cristiana, y por tanto que las danzas exnovo por muy de ambiente africano que sean son igual de malas prácticas en cualquier cultura, blanca, negra o de cualquier color.
De la web Catholic.net:
"En su libro El Espíritu de la Liturgia, el por entonces Cardenal Ratzinger expresaba:
Bailar no es una forma de expresión de la liturgia cristiana. Allá por el siglo III ciertos círculos gnóstico-docéticos trataron de introducirlo en la liturgia. …Los bailes cúlticos de las distintas religiones tienen propósitos diferentes - encantamientos, la magia imitativa, éxtasis místico - ninguno de los cuales son compatibles con el propósito esencial de la liturgia.
Es totalmente absurdo tratar de hacer la liturgia "atractiva" introduciéndole pantomimas danzarinas (generalmente ejecutados por grupos de bailes profesionales) los cuales terminan con frecuencia (y desde el punto de vista de los profesionales, normal) en aplauso. Todas las veces que el aplauso ocurre en la liturgia debido a algún logro humano, es signo seguro de que la esencia de la liturgia ha desaparecido, habiendo sido reemplazado por un tipo de entretenimiento religioso…
Yo mismo he experimentado el reemplazo del rito penitencial por un baile el cual, no es necesario decir, fue recibido con una ronda de aplauso. ¿Se puede pensar en algo que no sea más extraño a la penitencia verdadera?
Ninguno de los ritos cristianos incluye el baile. Lo que la gente llama "baile" en rito etíope o en la forma zaireana de la liturgia romana es simplemente una procesión con orden rítmico, algo que se ajusta muy bien a la dignidad de la ocasión".
Pues que no nos confundan con esto, como con tantas otras cosas.
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