Lo que expone María Valtorta sobre el pecado original según los dictados del Señor es uno de los puntos usados por sus contradictores. Incluso eruditos que aceptan la obra (por ejemplo Beato Allegra), mantienen sus cautelas sobre la enseñanza. Pero entiendo que su aceptación desvela mucho y por contra, mantener la parte simbolista usada en la Biblia (lo dice el mismo Señor) sirve de piedra de escándalo a los eruditos y predicadores, que a su vez toman otras instancias o ninguna para la explicación al pueblo.
En suma, el pecado original ha resultado de un proceso de aceptación de la tentación por el primer hombre y la primera mujer, lo cual ya sabemos, pero que empieza con la escucha al tentador, y la aceptación de la desobediencia con el fin de igualarse a Dios. ¿De qué igualación se trata? Es la pretensión de ser creador como El, al modo de los animales, que Adán y Eva veían en el paraíso y que generaban descendencia en coyunda. Con el ser humano no debía ser así, sino que Dios tenía preparado un modo de descendencia como el de Jesús a través de María, por intervención divina en una carne virginal. Lo que ha sido la única excepción debía haber sido el modo normal. Así como Eva fue sacada de las entrañas de Adán, y como Jesús fue sacado de las entrañas de la Virgen, sin compleción carnal autosuficiente, Dios iba a crear toda descendencia. Más allá de esto ahora no podemos saber, pero ya es muy importante.
Luego el acto sexual quedó desordenado, y la generación humana también en lo espiritual, lo moral y lo orgánico. Aunque quedó la infusión del alma, a pesar del pecado original, éste quedó para siempre, y el alma tiene que luchar con el cuerpo, si quiere volver a Dios, lo cual fatalmente para muchos no ocurrirá.
Algo podemos entender de esto, que se nos presenta como imposible de aceptar, (a muchos eclesiásticos sobre todo porque decidieron hace mucho que no querían sufrir por lo del sexto mandamiento, en lo que se cebó la nueva censura y proclama de la gloria del impudor durante tantas décadas ya, de liberación supuesta y gloria humana, que siguen proclamando las nuevas generaciones en flor de edad, o los veteranos en la rebeldía de la carne). Sin embargo, la actividad sexual del ser humano, ha quedado voluntariamente suspendida en los mejores, en los que optan al voto de castidad, para reconcebirse a sí mismos y a concebir hijos espirituales con su sacrificio, aunque permanece la presión desordenada, para ameritar la virtud. Suspendida también fuera del matrimonio. Obligada de todos modos para la procreación, como en nueva y pesada ley, tal como los primeros humanos forzaron por su desobediencia y su ausencia de arrepentimiento, trayendo la carga inconmesurable que ha supuesto ese impulso que se abrió como caja de pandora, y que tantos seres han tenido que soportar, también dentro del matrimonio, en violencias, violaciones, abusos, esclavitudes y prostituciones.
Quien acusara de obsesividad a esta interpretación, lo que ya se hace, olvida que no se trata del acto sexual sólo como único elemento en el pecado original, sino del último eslabón en un continuum de soberbia (querer ser como Dios), desobediencia y desarreglo de la generación humana, puesto que ésta fue la piedra de tropiezo sobre la que, engañosamente, se pretendió elevar la condición humana y al contrario se la sepultó, aunque sirviera para el extremo acto de reparación y salvación de Jesús y la Virgen, realización de lo que debía haber sido el futuro tras la probación de adán y eva.
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