Enrique pensaba en que en estos tiempos apenas los obispos dejan oir su voz para ayudarnos a entender santamente todo lo que está ocurriendo. Pero había tenido tiempo atrás este sueño que ahora evocaba:
Desde lejos veía una como ladera rocosa de un monte, sin embargo al acercarse vió que no era roca propiamente, sino un conjunto de enormes semillas, como nueces gigantes, amontonadas en orden, que daban de lejos la sensación de una roca compacta. La explicación era la siguiente: la roca es Cristo, y las semillas gigantes son signo de los obispos de la iglesia, cuyo conjunto parece una roca, el edificio de Cristo, pero cuando se lo observa de cerca se ve que no es así; de primeras parecen un todo uniforme, pero sólo son contiguos, permaneciendo en realidad independientes entre sí, y en segundo lugar son semillas enormes destinadas a dar un inmenso fruto pero muchas quedan finalmente sin fructificar. Pensó que la finalidad del Cielo al conceder este tipo de sueños-visiones es siempre una: pedir con más dedicación por la iglesia.
.png)
No hay comentarios:
Publicar un comentario