Cierta persona se encontraba aún embargada por una emotiva sensación, tras haber leído un discurso de Donoso Cortés, de mediados del siglo XIX, en el cual este eximio pensador católico relacionaba rotundamente el alejamiento de Dios con el crecimiento progresivo del control estatal (venía a decirlo en palabras de su época) para llegar finalmente a la conclusión de que era esperable la llegada de la tiranía más absoluta de todos los tiempos, de lo cual ya estamos cercanos.
Le explicó una persona de sabiduría, cómo con la inteligencia espiritual se puede prever tan claramente el futuro -también predijo y se cumplió la llegada de la guerra civil entre los españoles- aunque apostilló en el caso de Cortés que era predicción de acontecimientos humanos; pero éste es un caso más entre tantos de personas que Dios suscita para ir advirtiendo en todos los tiempos a los hombres de lo que se avecina si prosiguen en su ceguera y errado camino, y que cuando no se escucha a uno suscita a otro y así sucesivamente, adaptándose continuamente a los humanos.
La persona de sabiduría conectó enseguida esta idea -casi siempre lleva los temas al terreno de la Madre- con la diversidad de advocaciones de la Virgen y cómo ellas se deben a que se adapta a los gustos humanos: a unos les gusta el color blanco, por su luminosidad, a otros el pardo, por su ascetismo, y así sucesivamente con los colores, que Ella va tomando como divisa de su presentación entre nosotros; incluso según los tiempos se ha presentado con diversas edades: más madura en los tiempos antiguos (por ejemplo, la Virgen de Begoña), más joven en los modernos, que tanto valoran la juventud, aun cuando no pueda faltar en ninguna época su presentación como Dolorosa, que conlleva la edad madura que la Virgen tenía en la hora del Calvario.
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