Aunque hay muchas historias e incluso un museo en Roma dedicado a las señales dadas por almas del purgatorio, suelen ser fenómenos muy llamativos, pero en el caso que presentamos, ocurrido a fines del siglo pasado, las señales eran más sutiles, aunque imposibles de comprender de no mediar un conocedor experimentado en estos temas; ahora muy descuidados, pero que de no resolverse pueden provocar una gran crispación en quienes los experimentan, al romper toda regla de lógica material.
Esta es la historia real de una familia, la cual sentía en su hogar y en las proximidades del portal de la vivienda un olor desagradable, como el que se desprende de las cajas de pescado vacías y abandonadas. Se producía sobre todo en la habitación infantil, la esposa lo atribuía a algún desecho inadvertido y limpiaba concienzudamente aunque no veía nada. También había otro fenómeno que eran gotas que fluían de vez en cuando de una planta decorativa, una dieffenbachia, sin que se la hubiera regado.
No eran fenómenos espectaculares, que exigieran algún tipo de exorcismo, pero lo bastante llamativos para que en buen conocimiento espiritual se pudiera pensar en algún tipo de presencia de algún alma.
La amistad con una buena vidente (que murió pobre y enferma para más señas sin quedarse nada de nadie y extraordinariamente fiel a cuanto se le pedía por el Cielo) hizo que se la invitara a la casa y no habiendo acabado la comida hizo saber sus percepciones, pero a modo de preguntas, sobre el alma que estaría produciendo los olores desagradables, la describió de manera que la madre de la esposa la identificó enseguida como su propia madre, habiendo muerto años antes sin que la buena vidente la hubiera visto nunca; pero lo más sorprendente es que preguntó si el alma se había dedicado a vender pescado, al principio la hija no recordaba y la nieta no conocía el hecho, pero luego recordó que de vez en cuando vendía pescado a nivel muy modesto por las calles (era zona próxima al mar), lo que combinaba con otros medios de hacerse alguna economía, como también trabajar en cultivos ajenos, incluso a la luz de la luna si era preciso. Porque había quedado viuda con varios hijos, todo ello tras un matrimonio de gran sufrimiento.
La buena vidente entonces explicó el remedio, que se le aplicasen 3 misas a esta alma, si bien una vez hechos los sufragios el alma debía retirarse por completo y no dar más señales. Así se hizo, y el alma no volvió a manifestarse más, por más que los fenómenos olfativos y el lacrimal de la planta llevaban muchos meses produciéndose.
Felizmente la familia que experimentó el hecho y su solución no tenía una postura de desconfianza a priori sobre estas realidades y su confianza en la buena vidente fue premiada; de no ser así, hubieran vivido con el lastre de no dar con la solución y posiblemente empeorando el sufrimiento. Se pudo encaminar a aquella alma por la otra vida, y a la vez sirvió de gran enseñanza para todos, si bien, la buena vidente, hay que decirlo, a pesar de un primer reconocimiento familiar, bastó un posterior entredicho, para añadir otra cruz de amargo desagradecimiento a su ya amplio depósito de cruces.
Exponemos el caso no sólo como testimonio, sino para añadir conocimiento a estas decisivas cuestiones que no suelen salir al exterior, y pertenecen al fondo de almas y hogares. Ningún sacerdote pudo participar en la solución, excepto la común aplicación de misas, al no encontrarse alguno que no temiese abordar estas cuestiones, que son sin duda también radicalmente pastorales y que son también obra en favor del prójimo, aunque no sean materiales.
No hay comentarios:
Publicar un comentario