María, como Madre de Dios y Madre nuestra, sé nuestra maestra y enséñanos.
Madre amantísima, haz que seamos buenos padres y padres buenos para nuestros hijos, hoy y siempre, por los siglos de los siglos.
Nuestra Señora de Lourdes, lava nuestras miserias humanas y las de nuestros seres queridos, y haz que, limpios, caminemos a tu lado, en pos de tu divino Hijo, hoy y siempre, por los siglos de los siglos.
Nuestra Señora de Covadonga, sé tú nuestra roca firme, que nos libre en los ataques de nuestros enemigos; y a nuestros seres queridos también líbralos, Señora, hoy y siempre, por los siglos de los siglos.
Nuestra Señora de Medjugorje, pon en nuestros corazones, en nuestras almas y en las de nuestros seres queridos la paz que tanto necesita nuestra humanidad, hoy y siempre, por los siglos de los siglos.
Nuestra Señora de Begoña, concédenos la fe necesaria para llevar con alegría la cruz de cada día, y a nuestros seres queridos también, hoy y siempre.
Nuestra Señora de la Cabeza, fortalece nuestras cabezas, de tal modo que en nuestro pensamiento solo estés tú; y a nuestros seres queridos también, hoy y siempre, por los siglos de los siglos.
Nuestra Señora del Paso, conduce nuestros pasos siempre, en pos de Jesús, tu divino Hijo, y los de nuestros seres queridos también, hoy y siempre, por los siglos de los siglos.
Nuestra Señora del Arrabal, haz que nuestros corazones no estén en los arrabales del cielo, sino muy dentro del corazón sacramentado de tu divino Hijo, en el sagrario; y los de nuestros seres queridos también, hoy y siempre, por los siglos de los siglos.
Nuestra Señora de Fátima, aumenta en nuestros corazones el amor a tu divino Hijo en el Santísimo Sacramento del Altar, y en los de nuestros seres queridos también, hoy y siempre, por los siglos de los siglos.
Nuestra Señora de la Merced, concédenos la merced de merecer y ganar el cielo para toda la eternidad, y a nuestros seres queridos también, hoy y siempre, por los siglos de los siglos.
Nuestra Señora de la Candelaria, sé tú el faro que nos guíe en la oscuridad de la humanidad, y a nuestros seres queridos también, hoy y siempre, por los siglos de los siglos.
Nuestra Señora de Loreto, danos alas fuertes y seguras; haz que nuestras almas vuelen al cielo, quedando prendadas de la belleza que allí habita, y nuestros corazones anhelen vivir en el cielo para toda la eternidad; y a nuestros seres queridos también, hoy y siempre, por los siglos de los siglos.
Nuestra Señora de la Guía, sé nuestra guía en todo momento y lugar; llévanos de tu mano en esta vida mortal y haz que, después, estemos contigo en el cielo para toda la eternidad; y a nuestros seres queridos también, hoy y siempre, por los siglos de los siglos.
Nuestra Señora del Camino, haz que nuestro caminar terrenal sea anticipo de nuestra morada eterna en el cielo; y para nuestros seres queridos también, hoy y siempre, por los siglos de los siglos.
Nuestra Señora del Pino, concédenos la gracia de ser pinos firmes sobre los cuales descansen tus divinas plantas, siendo nosotros conscientes de todas estas gracias y siendo siempre merecedores de ellas; y nuestros seres queridos también, hoy y siempre, por los siglos de los siglos.
Nuestra Señora del Tránsito, haz que nuestro tránsito de esta vida mortal a la vida eterna sea para nosotros un dulce sueño, y para nuestros seres queridos también, hoy y siempre, por los siglos de los siglos.
Nuestra Señora del Carmen, libra nuestras almas del infierno; sácanos del purgatorio de las manos de nuestros ángeles custodios, y haz que por ti lleguemos rápidamente al cielo y allí habitemos por toda la eternidad; y nuestros seres queridos también. Madre bendita, por tu amor de madre, haz que así sea y así se cumpla.
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