3.9.26

La FSSPX ante las apariciones de Garabandal

 

Garabandal y Écône: de una antigua afinidad a una oposición no declarada

La Fraternidad Sacerdotal San Pío X no ha publicado una condena oficial y completa de Garabandal. El nombre de la aldea cántabra apenas aparece en sus principales medios, mientras que otras apariciones discutidas, especialmente Medjugorje, han recibido un tratamiento extenso y severo. Sería inexacto, por tanto, atribuir a la FSSPX una posición formal que no consta. Sin embargo, ese silencio no impide reconocer una oposición más profunda, visible cuando se examinan conjuntamente la antigua recepción francesa de Garabandal, la doctrina preconciliar sobre las revelaciones privadas, la conducta de monseñor Lefebvre ante los videntes y la actual proximidad editorial entre la Fraternidad e InfoVaticana.

La historia no comienza con una rivalidad. Cuando las supuestas apariciones se iniciaron el 18 de junio de 1961, no existía un tradicionalismo organizado contra el Vaticano II, porque el Concilio ni siquiera se había inaugurado. Tampoco habían comenzado las reformas litúrgicas que provocarían después la resistencia de numerosos sacerdotes y laicos. Los primeros visitantes de Garabandal no podían desconfiar de una nueva misa que todavía no había sido promulgada ni interpretar los fenómenos como reacción contra una transformación eclesial cuyo alcance aún nadie conocía.

Este dato cambia por completo la lectura. Garabandal no nació como producto del malestar tradicionalista. Su segundo mensaje, comunicado el 18 de junio de 1965, afirmó que muchos cardenales, obispos y sacerdotes iban por el camino de la perdición y que cada vez se concedía menos importancia a la Eucaristía. En aquel momento esas palabras podían entenderse como una severa advertencia moral semejante a otras de la tradición católica. Solo después, cuando se extendieron la crisis sacerdotal, el abandono de conventos y seminarios, la reforma litúrgica y las controversias doctrinales, comenzaron a adquirir para muchos fieles el valor de una anticipación profética.

Écône pertenece a un momento posterior. La Fraternidad San Pío X fue erigida en 1970, cuando el Vaticano II había concluido, el nuevo misal estaba implantándose y monseñor Lefebvre juzgaba ya reconocible una crisis doctrinal y litúrgica. Garabandal precedió a esa crisis; Écône reaccionó ante ella. La relación entre ambas realidades se construyó retrospectivamente, cuando parte del tradicionalismo interpretó que las niñas de una aldea aislada habían anunciado aquello que Lefebvre denunciaría después con categorías teológicas.

Esta apropiación posterior no fue exclusivamente española. Desde la segunda mitad de los años sesenta llegaron a Garabandal sacerdotes y escritores franceses que poco después participarían en el nacimiento de la resistencia tradicionalista. No todos pertenecieron formalmente a la FSSPX, y sería anacrónico presentarlos como enviados de una institución que todavía no existía. Formaban, sin embargo, el ambiente religioso e intelectual del que surgirían Écône y las distintas ramas del tradicionalismo francés.

Uno de los principales introductores de Garabandal en Francia fue el padre Materne Laffineur, dominico belga que trató a las videntes y escribió L’Étoile dans la montagne. La edición de 1966 llevaba un prólogo del también dominico Michel-Louis Guérard des Lauriers, uno de los teólogos más importantes de la posterior resistencia a la reforma litúrgica. (Ouvrages consultés)

La vinculación resulta históricamente significativa. Guérard des Lauriers colaboró con monseñor Lefebvre desde el comienzo de su obra y enseñó mariología en el seminario de Écône entre 1970 y 1977. Más tarde se separó de Lefebvre al desarrollar posiciones sedeprivacionistas, pero durante los años decisivos perteneció al núcleo teológico de la resistencia tradicionalista. (Sodalitium) Antes de que Écône estuviera plenamente constituido, este futuro profesor del seminario ya había prestado su autoridad teológica a un libro favorable a Garabandal.

También destacó el sacerdote francés Alfred Combe. Según su propio testimonio, conoció los hechos en 1963 por medio del padre Laffineur, aceptó su autenticidad y encontró personalmente a Conchita en 1967. En octubre de 1968 se encontraba en Garabandal y acompañó a Conchita y a su madre hasta Lourdes para recibir los objetos relacionados con el padre Pío. Con el tiempo llegó a ser uno de los principales propagadores del mensaje por Europa y responsable del movimiento garabandalista francés. (Apostolado de Garabandal)

Otro nombre importante fue el abate Jehan de Bailliencourt. En 1968 peregrinó a Garabandal con el padre Laffineur, quien le confió la sección juvenil de la obra francesa dedicada a difundir el mensaje. A comienzos de los años setenta asumió la continuación de aquel apostolado, dirigió el boletín L’Appel des Pins y publicó bajo seudónimo Le mystère des apparitions de Garabandal. Su perfil litúrgico no deja lugar a dudas: durante su jubileo sacerdotal de 1982 declaró que nunca había celebrado la nueva misa y mantuvo hasta su muerte esa fidelidad al rito tradicional. (Ouvrages consultés)

La presencia francesa no quedó reducida a sacerdotes. En 1978 apareció Garabandal hier et aujourd’hui, con estudios de Louis Salleron, Jean Madiran, Hugues Kéraly y Antoine Barrois, figuras reconocibles del catolicismo tradicional francés. El volumen recuperaba, entre otros materiales, el viaje realizado por Salleron a Garabandal en octubre de 1965 y una defensa de las apariciones escrita por Madiran en 1966. (DOKUMEN.PUB)

Por tanto, cuando Écône empezó a formarse, Garabandal ya había encontrado acogida entre sacerdotes, teólogos y escritores que se resistirían a la reforma litúrgica. La relación original no fue de oposición, sino de afinidad. Para aquel primer tradicionalismo francés, Garabandal podía aparecer como continuación de Fátima y confirmación anticipada de la crisis. La advertencia sobre sacerdotes y obispos, la pérdida de importancia de la Eucaristía y la insistencia en la penitencia encajaban con lo que esos autores comenzaban a percibir en la Iglesia.

Esta afinidad histórica hace más significativo el distanciamiento posterior. La FSSPX actual conserva una doctrina muy severa sobre las revelaciones privadas, pero esa doctrina no fue creada para combatir Garabandal. Procede de la teología espiritual anterior al Concilio. Benedicto XIV estableció que ni siquiera una revelación aprobada exige un asentimiento de fe divina y católica, sino únicamente una adhesión humana fundada en razones prudenciales. La aprobación permite considerarla probable y espiritualmente útil, pero no incorpora su contenido al depósito de la fe. Esta enseñanza fue recogida por la Catholic Encyclopedia de 1913 y reiterada por el cardenal Ratzinger en su comentario al tercer secreto de Fátima. (www.vatican.va)

Garrigou-Lagrange aplicó esa cautela al examen de los fenómenos místicos. Una visión compartida por muchas personas puede demostrar que existe un fenómeno exterior, pero no que su causa sea divina. Deben examinarse su conformidad con la doctrina, las disposiciones del vidente, su obediencia y los frutos producidos. Incluso una experiencia verdadera puede mezclarse posteriormente con interpretaciones humanas. (www.christ-roi.net)

La FSSPX conserva esta escuela con especial rigor. En 2019, su revista estadounidense The Angelus dedicó un número a las apariciones marianas y recordó que monseñor Lefebvre recibía con frecuencia mensajes de supuestos videntes que pretendían aconsejarlo sobre las decisiones que debía tomar. Su respuesta consistía en afirmar que seguiría la Providencia por los canales correspondientes. La publicación propuso esa conducta como ejemplo de prudencia y advirtió que cuanto más grave fuese el mensaje, mayor debía ser la cautela. (sspx.org)

Lefebvre no negaba que Dios pudiera intervenir extraordinariamente. Se negaba a gobernar una institución apoyándose en comunicaciones privadas. La voluntad divina debía conocerse mediante la doctrina, las obligaciones de su cargo, la situación objetiva de la Iglesia y los medios ordinarios de la prudencia. Un vidente podía exhortarlo a rezar o hacer penitencia, pero no sustituir su juicio acerca de las ordenaciones, las negociaciones con Roma o la supervivencia de su obra.

La oposición de la Fraternidad a Medjugorje muestra el alcance de este criterio. Sus medios han publicado textos con títulos tan tajantes como «Las apariciones de Medjugorje no son reales», han respaldado el juicio negativo de los obispos de Mostar y han insistido en las contradicciones de los videntes, la proliferación de mensajes, la conducta de algunos religiosos implicados y la desobediencia a la autoridad diocesana. (icc.id.sspx.org)

En medios franceses cercanos a la FSSPX aparece además el término apparitionite, empleado para describir la inclinación a vivir pendiente de manifestaciones extraordinarias. El peligro asociado sería el iluminismo: permitir que mensajes particulares, secretos y videntes ocupen el lugar que corresponde a la revelación pública y al gobierno prudencial. La acumulación de apariciones y comunicados no se considera una confirmación, sino un indicio que aumenta la sospecha. (laportelatine.org)

Garabandal no encaja enteramente en el modelo de Medjugorje. Sus apariciones no continuaron durante décadas, sus dos mensajes principales no contienen ecumenismo ni innovaciones doctrinales y las videntes no organizaron una Iglesia paralela. Precisamente por eso resulta más difícil atacarlo desde el tradicionalismo. Su contenido es inequívocamente penitencial y eucarístico, y su cronología anterior a la crisis conciliar impide explicarlo como simple proyección del descontento producido por las reformas.

Su punto vulnerable no se encuentra tanto en los mensajes como en las profecías pendientes. El Aviso universal, el Milagro anunciado con ocho días de antelación, la curación de los enfermos presentes y la señal permanente en los Pinos han generado una espera organizada. En Francia existe desde hace décadas una infraestructura preparada para trasladar peregrinos cuando Conchita comunique la fecha. La Association Saint Christophe asegura que movilizará tantos autocares como sean necesarios desde distintos países europeos. En 2018 declaraba tener previstas cincuenta y cinco rutas, quinientos setenta y dos puntos de recogida y alrededor de sesenta autocares. 

La organización continúa activa en 2026. Recibe inscripciones, prepara responsables de vehículo y mantiene acuerdos con empresas de transporte y otros colaboradores. Quien dirija un autocar debe creer en Garabandal, controlar la identidad de los pasajeros, dirigir las oraciones y conservar el orden durante el viaje. La antigua difusión iniciada por Laffineur, Combe y Bailliencourt ha adquirido así una forma material extraordinariamente duradera.

Es en este punto donde el artículo de Carlos Balén publicado en InfoVaticana adquiere su verdadero relieve. El autor no se limita a discutir si las apariciones fueron auténticas, concede que los mensajes son ortodoxos, que hubo conversiones y que de las niñas no consta ningún escándalo, después separa ese contenido religioso de los fenómenos y sostiene que lo específicamente garabandalista no es la penitencia ni la Eucaristía, sino la expectativa del Aviso y del Milagro.

Balén denomina «fisicismo» a esa expectativa. Según su argumento, Garabandal habría sustituido progresivamente la fe por la espera de un fenómeno público, grabable y verificable. La afirmación es teológicamente discutible, porque un milagro visible no elimina necesariamente la libertad ni vuelve inútil la fe como lo demuestran los milagros de Cristo que fueron corporales y públicos; la resurrección de Lázaro pudo comprobarse, y no por ello todos aceptaron a Cristo. La evidencia de un hecho no determina automáticamente la interpretación de su causa ni la adhesión religiosa a su significado.

Pero el concepto de «fisicismo» cumple otra función: permite reducir la fuerza práctica de Garabandal a una orden laxista: «manténganse a la espera». Los fieles no estarían viviendo simplemente un mensaje de conversión, sino aguardando el acontecimiento que esclarecerá universalmente la crisis. 

La intención aparece con mayor claridad al comparar este artículo con el que el mismo Balén publicó poco antes en defensa del superior de la FSSPX. Allí se presenta al padre Davide Pagliarani con la conducta apropiada que no espera una señal extraordinaria ni una rehabilitación romana segura. Cuenta los obispos disponibles, considera sus edades y decide que la continuidad de las ordenaciones y confirmaciones exige nuevas consagraciones. Según Balén, no se trata de un desafío político, sino de una necesidad logística y de la diligencia propia de un padre de familia.

La propia FSSPX ha reconocido la afinidad de Balén con su posición. El 2 de septiembre de 2026, FSSPX Actualidad reprodujo y desarrolló ampliamente su defensa de Pagliarani, presentándola como respuesta válida a las críticas formuladas contra las consagraciones de Écône. El medio oficial recorrió sus argumentos sobre la necesidad logística, el envejecimiento de los obispos, la insuficiencia de las garantías romanas y el deber de un superior de ejercer su juicio.

No era la primera vez que la Fraternidad difundía sus textos. Ya había reproducido o resumido favorablemente artículos de Carlos Balén sobre san Agustín, el diálogo interreligioso y la financiación de entidades eclesiales dedicadas a la acogida de inmigrantes. No puede demostrarse por ello que la FSSPX encargara su crítica de Garabandal, pero sí existe una convergencia editorial comprobable.

Históricamente, los años sesenta y setenta, sacerdotes y pensadores franceses que participaron en el surgimiento del tradicionalismo acogieron Garabandal como posible confirmación de Fátima y advertencia anticipada de la crisis. Guérard des Lauriers prologó un libro favorable antes de enseñar en Écône; Laffineur difundió las apariciones; Combe extendió su mensaje por Europa; Bailliencourt vinculó la defensa de Garabandal con la fidelidad absoluta a la misa tradicional, y Salleron y Madiran contribuyeron a su recepción intelectual.

La FSSPX posterior fue fijando, sin embargo, una identidad menos dependiente de profecías privadas. Su justificación debía descansar en la Tradición, el derecho de necesidad, la defensa de la misa y la continuidad sacramental. Una obra que aspiraba a demostrar la legitimidad objetiva de su resistencia no podía depender de que se cumplieran unos anuncios cuya fecha seguía reservada.

Garabandal pasó entonces de ser un posible aliado profético a convertirse en una compañía incómoda. Sus seguidores podían confirmar el diagnóstico de Lefebvre, pero también podían sostener que la crisis terminaría mediante una intervención universal de Dios. La primera posibilidad favorecía a Écône; la segunda relativizaba su urgencia. Si el Aviso y el Milagro estaban próximos, cabía esperar antes de adoptar decisiones extremas y si no existía ninguna garantía sobre su llegada, el superior debía actuar como si tuviera que responder de la continuidad de la tradición durante generaciones.

La oposición de la FSSPX a Garabandal no es una guerra abierta contra sus devotos, muchos de ellos pueden asistir a sus capillas, defender sus consagraciones y considerar que Lefebvre cumplió una misión providencial. Para la lógica garabandalista, la crisis culminará en una manifestación divina que permitirá comprenderla a todos; para la lógica institucional de Écône, ninguna revelación privada puede dispensar a un superior de decidir bajo las condiciones presentes.

También por eso puede resultar conveniente que la crítica frontal aparezca en InfoVaticana y no en un órgano oficial de la Fraternidad. Una firma cercana a su sensibilidad puede desacreditar la espera garabandalista, medir la reacción de los lectores y desplazar el centro interpretativo sin obligar a la FSSPX a enfrentarse abiertamente con una devoción arraigada entre algunos tradicionalistas. 

Durante los primeros años de la resistencia litúrgica, ambos mundos llegaron incluso a encontrarse a través de sacerdotes y escritores franceses, la separación se produjo cuando la FSSPX convirtió su resistencia en una obra estable, con seminarios, prioratos, escuelas y una sucesión episcopal que debía sostenerse sin depender del calendario de ninguna aparición.

La oposición actual por parte de los lefebvrianos no obliga a negar que en 1961 ocurriera algo sobrenatural, les basta con afirmar que, verdadero o falso, ningún anuncio privado puede gobernar las decisiones necesarias para conservar el sacerdocio y los sacramentos. Así se comprende el mutismo de la FSSPX sobre Garabandal, su severidad general ante el iluminismo y la utilidad del ataque publicado por Carlos Balén. La Fraternidad pasa de largo ante la Virgen de los Pinos, pero parece necesitar que sus fieles actúen como si la expectativa profética no interfiera en los cálculos superiores.


No hay comentarios:

Publicar un comentario